El río ahora corre negro por debajo de las casas

flotantes, filtrado por las cenizas de las

plantaciones quemadas. Las mujeres del Pacífico

ya no caminan al amanecer con canastos de

plátano; caminan con cuchillos de cocina y ojos

que no pestañean. El mundo no se detuvo cuando

cayeron los aviones, pero sí se deshizo: sin

señales, sin papeles, sin ley. Solo el río, y el

humo que lo sobrevive.

La bruja —no se llama así en documentos, pero

los niños del barranco la llaman así— vive bajo

una lona de saco hundido en el barro, junto a un

montón de botellas de gasolina vacías. No cura

enfermedades. Curas desapariciones. A través de

rituales que requieren sangre de cabra y cinco

cantos sin nombre, localiza a quienes

desaparecieron en el fuego. Lo hace por silencio,

no por dinero. Pero esta vez, el silencio pesa

más.

Un hombre llegó con el rostro cubierto de polvo

de carbón, arrastrándose desde el sur. Dijo que

era testigo de un cargo mayor. Que sabía dónde

está el registro final del acuerdos entre los

jefes de los nuevos reinos del sur. No tenía

documentos. No tenía voz. Solo una lista de

nombres escrita en papel quemado. Entregó el

papel a la bruja. Ella lo guardó dentro de una

palma de coco seca.

Dos días después, el hombre no estaba en el

cobertizo. Su sombra se quedó en el suelo, como

si hubiera sido quemada antes de morir. La bruja

encontró sus zapatos, calcinados, llenos de

arena de sal. Y en el centro del pantano,

flotando, el cinturón con el sello de la nueva

policía: una serpiente que traga su cola,

rodeada de tizones.

Ella sabía que el sistema no protege a los

testigos. Sabe que incluso los muertos son

usados para limpiar el pasado. Pero también sabe

que si ella habla, el río arderá. Así que no

habla. Rompe el coco. Saca el papel. Lo quema

con aceite de palma. La llama sube como una cruz.

Cuando el humo llega al cielo, las mujeres del

barranco dejan de trabajar. Dejan de bailar. Se

paralizan. Una por una, empiezan a cantar un

coro antiguo: "No hay ley que baje el fuego,

solo la memoria que no se apaga."

La bruja no se mueve. El viento sopla hacia el

norte. En Bogotá, un funcionario recibe un

informe con el nombre de un nuevo proyecto:

Fuego Limpio. Lo firma sin leer.

En el río, las aguas negras comienzan a

burbujear. Como si algo vivo estuviera

resurgiendo bajo el fondo.